Saturday, October 01, 2005

TALLER DE ESCRITURA CREATIVA

Para explorar las posibilidades de hacer escritura creativa que nos da la imaginación, la loca de la casa, van a continuación SITUACIONES que debes desarrollar echando a volar tu imaginación. ¿Qué pasa a continuación en cada caso? Puedes extenderte lo que quieras, textos breves o largos.

Ahí van.

1. Un niño baja muy temprano a la cocina de su casa, mira al jardín y ve que hay allí un ángel aterido de frío. Lo invita a pasar.

2. Él recibe una carta de una muchacha que conoció cuando estuvo de vacaciones. Contiene un mechón del cabello de ella y una tarjeta que dice: “Dicen que no puede haber amistad entre un hombre y una mujer, pero la nuestra es muuuuy especial”. Él cavila y acaricia secretamente en su bolsillo el mechón, mientras su esposa le pregunta qué piensa, por qué está tan abstraído, y él disimula.

3. Una muchacha camina abstraída por la Plaza 14, luego toma la General Achá, revisa los discos a la entrada del Pasaje del Correo, se distrae en cada puesto del Pasaje, y cuando sale a la Heroínas, se encuentra con una autopista ruidosa y una estación del Metro. La gente es distinta (¿rubios, chinos, negros?) y los nombres de las estaciones y de la avenida son desconocidos.

4. Alguien está fumando acodado en la ventana de su casa que da a una plazuela. De pronto chirrían los frenos de un automóvil, se abre la puerta y de adentro es echado un cuerpo de una mujer. ¿Qué hace él? ¿Sale? ¿La mujer, está herida? ¿Está muerta? ¿Drogada? ¿Dormida?

5. Un hacker entra a la computadora de un escritor que está en pleno proceso de elaboración de una novela. Cambia los nombres de los personajes, el sexo, los escenarios, mezcla los parlamentos.

6. Un escritor recuerda todos los personajes que inventó. Le remuerde la conciencia haber tenido preferidos y haber ignorado a otros. Suena el timbre de su casa y afuera están un joven y una señorita que él inventó para una de sus novelas.

7. Una enfermera psicópata está de guardia en terapia intensiva. Cuando nadie la ve cambia las recetas e inyecta al azar los medicamentos más diversos mezclándolos en el suero que reciben los pacientes.

8. Un viajero llega a una casa donde le ofrecieron alojamiento y lo esperan dos parejas. Llega la noche y descubre que una de ellas es una pareja gay y la otra es una pareja lesbiana. Una de las lesbianas que tenía actitudes masculinas le confía que el comportamiento afeminado de los gays le ha ayudado a descubrir lo femenino en su ser. ¿Qué ocurrirá? ¿Habrá alguna aventura?

9. Una persona abstraída sube al micro de costumbre, piensa en las cosas más variadas, en total introspección. De pronto reacciona, mira a la calle y resulta que ésa no es su ciudad, esa no es su gente. Las paradas que anuncian en un cartel no corresponden a las que conoce.

10. Un soldado va a la guerra. Tiene valor, pero descubre que el sargento que le da órdenes es su peor enemigo.

11. Un joven ama secretamente a una muchacha creada por su imaginación, cuyos atributos físicos y espirituales corresponden exactamente a los de alguien que vive en un país remoto y ama secretamente a un joven creado por su imaginación, cuyos atributos físicos y espirituales corresponden exactamente a los de alguien que vive en un país remoto. Nunca se encuentran. ¿O se encuentran?

12. Un hombre regresa a su pueblo después de haber vivido en las ciudades más hermosas del globo. Se pregunta qué hubiera sido de él si se quedaba en su ciudad, y de pronto se encuentra con alguien que es él, pero es el que hubiera sido si se quedaba en su ciudad y no salía a recorrer mundo. ¿Cómo es éste que se quedó?

Consejos a los escritores maduros

Siempre he tenido el raro privilegio de vivir como un puente entre generaciones opuestas, uno porque heredé los amigos de mi hermano, que me lleva 17 años, y otro porque me gané a pulso la amistad de los hijos de mis amigos (¡y hasta de los nietos!).

Cuando estrené el dígito 2 de mi vida tenía amigos mayores que yo con 10 o más años. A estas alturas, muchos de ellos dejaron de vivir, aunque sólo algunos de ellos están muertos. Eso me ha desplazado hacia las nuevas generaciones y he aprendido a no sentirme el benjamín del grupo, sino el hermano mayor. O, simplemente, el viejo.

Me divierte, por ejemplo, saludar a mis antiguos alumnos de Derecho, uno de los cuales, para mi honra, es Presidente de la Corte Suprema de Justicia. Invariablemente los trato de doctor, es cierto que con familiaridad; y ellos, invariablemente me contestan: "Hola, Ramón", cosa que me agrada, aunque alguna vez este tratamiento sirvió de pretexto para dudar de que yo sea abogado, que lo soy exactamente hace 30 años, como hace 30 que publiqué mi primera obra y gané mi primer galardón literario.

Desde chico he sido irreverente, y por eso tuteo a quienes debería tratar con mayor formalidad; pero, a Dios gracias, ellos lo han aceptado y son mis amigos. En esa medida conozco algo de sus vidas y experiencias.

Con esa confianza y sin ánimo de herir a nadie, mucho menos de hacerle sombra, propongo unos cuantos consejos que, quizá por ser del montón, me salieron en una docena.

1. Abran sus ojos a las nuevas generaciones de escritores. Transmítanles su experiencia y capten las pulsiones, los intereses, las ondas de ellos.

2. Eviten seleccionar diez novelas en base a una encuesta de hace 30 años. ¿Acaso no volvió a ocurrir nada notable en ese lapso?

3. Eviten el favor y el odio políticos. Aléjense del poder.

4. Gánense sin proponérselo, por pura autenticidad, el reconocimiento de la sociedad, no del poder.

5. Alégrense de tener lectores y no reconocimientos oficiales. Sobre todo, no los busquen.

6. Eviten el ojo inclemente de las cámaras, que no perdonan una cana, una arruga, una calvicie, una cara de iguana.

7. Refúgiense en el misterio de lo que escriben. Dejen que la gente juegue a imaginar cómo realmente son.

8. Dense cada día una ducha de humildad, un masaje de sencillez, un cepillado de humor, un brindis de buen vino y amor.

9. Huyan de las responsabilidades administrativas y de las tertulias ociosas. Dedíquenle más tiempo a la soledad y al oficio.

10. Ahórrense moralejas y moralinas. Ustedes también eran unos picarones cuando jóvenes.

11. ¡No acaparen! Den campo y páginas a los nuevos escritores.

12. Aprendan a imaginar una muerte digna.

Frases de Churchill para hoy

FRASES DE CHURCHILL PARA HOY

Es como si estuviera aquí, en un café, con su puro y su whisky infaltables, sonriendo para sí mismo al observar lo que ocurre en nuestro país. Si nos fuera dado hacerle algunas preguntas sobre los temas que nos atribulan, probablemente accedería a decirnos, con su proverbial acento Oxcam, algunas frases concluyentes:

P.- Sir Winston: ¿Cree usted que nuestro Presidente es capaz?

R.- Las actitudes son más importantes que las aptitudes.Valor es lo que se necesita para levantarse y hablar; pero también es lo que se requiere para sentarse y escuchar.

P.- ¿No siente que todos hablan y nadie aporta soluciones?

R.- El problema de nuestra época consiste en que sus hombres no quieren ser útiles sino importantes.

P.- En esta fiebre de reformas, cuál de ellas aconsejaría?

R.- Sería una gran reforma en la política el que se pudiera extender la cordura con tanta facilidad y tanta rapidez como la locura.

P.- Nadie reconoce sus errores. ¿Usted alguna vez lo hizo?

R.- Pasé más de la mitad de mi vida preocupándome por cosas que jamás iban a ocurrir.

P.- ¿Cree usted que asistimos a un diálogo de sordos?

R.- Valor es lo que se necesita para levantarse y hablar; pero también es lo que se requiere para sentarse y escuchar.

P.- ¿No siente que estamos rodeados de megalómanos?

R.- El precio de la grandeza es la responsabilidad.

P.- ¿Y que se creen más de lo que son?

R.- La imaginación consuela a los hombres de lo que no pueden ser. El humor los consuela de lo que son.

P.- Hay gente que lo escucha a sus espaldas y no coincide con usted.

R.- Quien habla mal de mí a mis espaldas contempla mi culo.

P.- ¿Qué le aconsejaría al Presidente para cuando salga?

R.- El político debe ser capaz de predecir lo que va a pasar mañana, el mes próximo y el año que viene; y de explicar después por qué fue que no ocurrió lo que el predijo.

P.- ¿Y qué le aconsejaría para el presente?

R.- La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás.

P.- ¿Y a los políticos perseguidores del éxito?

R.- El éxito es aprender a ir de fracaso en fracaso sin desesperarse.

P.- ¿Qué les diría, por ejemplo, a quienes ven la paja en el ojo ajeno? ¿A los de doble moral?

R.- Esfuérzate por mantener las apariencias que el mundo te abrirá crédito para todo lo demás.

p.- Quizá más que a un diálogo de sordos, asistimos a uno de fanáticos.

R.- Un fanático es alguien que no puede cambiar de opinión y no quiere cambiar de tema.

P.- ¿A qué le teme más, a la guerra o a la política?

R.- La política es más peligrosa que la guerra, porque en la guerra sólo se muere una vez.

P.- ¿Aparte del whisky y del puro, qué le gustaría en esta etapa de su vida?

R.- Me gustaría vivir eternamente, por lo menos para ver cómo en cien años las personas cometen los mismos errores que yo.

P.- Le agradezco mucho. Creo que hemos tenido una buena conversación.

R.- Una buena conversación debe agotar el tema, no a los interlocutores.

P.- Sus respuestas son concluyentes, lúcidas y orientadoras.

R.- No esté tan seguro, pues a menudo me he tenido que comer mis palabras y he descubierto que eran una dieta equilibrada.

Pra conseguir fama de intelectual

El camino más corto entre el anonimato y la fama intelectual es hablar y escribir en difícil, aunque usted no diga nada. Mejor si usted tiene voz de locutor, aunque algún envidioso diga: Mucha voz para tan poca cabeza.

Los grandes escritores escriben muy sencillo: uno los lee y quiere imitarlos, y entonces se da cuenta de que escribir sencillo es un ejercicio muy trabajoso y difícil. Es un camino pedregoso, mientras que usar lugares comunes y palabras rebuscadas es como respirar. Y hay que ver el efecto que producen en el auditorio, cuando el intelectual engola la voz y escoge, en su arsenal retórico, expresiones sublimes como éstas.

En lugar de limitarse a decir "la naturaleza", cuánto mejor adornarla diciendo "la madre natura". En vez de mencionar al sol, qué mejor que coronarlo como astro rey o divinidad incaica. Si se habla de la luna, ¿por qué no agregar que su luz es plateada? Si le toca el turno a los pétalos, ¿no es elegante agregar que son aterciopelados? Si se transmite un acto desde un prado, qué bonito decir que es un "jardín engalanado". Si hay que dar noticia de la lluvia, cuánto más caché decir "precipitación pluvial".

La guerra, el orden internacional ofrecen grandes ocasiones para distinguirse con expresiones como "el conflicto bélico" o referirse al carro de Marte o describir la "nueva tesitura internacional".

Las presentaciones de libros son, por supuesto, ocasiones irrenunciables para ganar el título de intelectual o el de "hombre de letras". Basta calificar al autor como "fino ensayista", "vate mayor de nuestras letras" o "espíritu ático", que suena a helénico, ¿no ve?

El comentario político es, Dios mío, la vía más expedita para darse luego ínfulas de intelectual. Basta usar expresiones como "la tea de la discordia", "el imperativo del honor", "la hidra de la anarquía", "el sol del progreso", en fin: el arsenal de las leyes, la balanza de la justicia, la aurora de las libertades, las tinieblas de la ignorancia, la espada de la ley, la tiranía de las pasiones, la moderna Babilonia, una verdadera Torre de Babel, la pérfida Albión, el Oso moscovita, el Tío Sam.

Si se habla de la noticia, cuán oportuno es decir que corrió como reguero de pólvora: el público da un suspiro de satisfacción al escuchar una voz familiar, un lugar común que es como la mascota de la casa. Si se invoca a la sinceridad, cuánto mejor es pedir que la gente "abra su corazón". Y si uno se emociona, que suele suceder, es indispensable "sentir un nudo en la garganta".

Un discurso de circunstancias no puede comenzar sin que el orador "se sienta gratamente impresionado". Y si se habla sobre el miedo, cabalito que la gente quiere que el orador diga que "se le pararon lo pelos de punta. Razón demás para referirse al adversario acusándolo de "sembrar cizaña".

Los grandes intelectuales comienzan cada párrafo como indigentes, con la mayor austeridad. Cosa bastante difícil para uno que todavía-no-es-un-intelectual-reconocido. (Corrector: por favor, fuera sus manos de la forma que escribo, pues ya me ha malogrado varias columnas. ¿Ta claro?) Pero hay una vía infalible: la de iniciar cada período con expresiones como "en el campo de las conjeturas", "a mayor abundamiento", "ahora bien", "en lo que respecta a". Bonito, ¿no? Verdaderamente gualicaché. (¡Corrector! No me toque la columna. Es la última vez que se lo advierto).

Ni arios ni originarios

NI ARIOS NI ORIGINARIOS

Alfonso Bilbao Liseca, viejo amigo desde los años de colegio, llegó de Huelva, España, donde vive hace décadas muy cerca del Convento de la Rábida y del Puerto de Palos, de donde zarpó Colón al Nuevo Mundo. Es anestesisto (corrector: alto ahi, no me corrija), pues dice que si las mujeres han feminizado todos los nombres de las profesiones, él tiene derecho de masculinizar el nombre de la suya.

Pero Alfonso no es solamente un médico de prestigio. Es un humanista ávido lector de filosofía y poesía, y naturalmente se angustia cada día siguiendo el rumbo de Bolivia, irrenunciablemente su país. Me escribió varias veces, en esos aciagos días en que la nave nacional parecía al borde del naufragio, y por eso mismo se sorprendió de nuestra proteica habilidad para transcurrir de la más aguda convulsión a la paz helvética que actualmente disfrutamos.

Conversamos a bordo de unas botellas de cerveza (yo tomando juguito de maracuyá, por supuesto) y Alfonso me transmitió su desasosiego existencial frente a la prédica de los fundamentalistas del Tawantinsuyo, pues, como muchos bolivianos, no se siente ARIO ni ORIGINARIO. Me hizo un agudo análisis sobre las implicaciones de esa palabra equívoca y relativa que, en realidad, no designa nada, porque no es sustantiva. Pero lo grave es que en el fondo entraña una ideología etnocentrista y excluyente de todo lo que no es originario. Los alemanes hablaban ese idioma, cuando se proclamaban origin-arios, no obstante que la raza aria tuvo su origen en la India. A ojos vista esos atletas lacios y rubicundos a quien menos se parecen es a Rabindranah Tagore o a Mahatma Gandhi, pero ni siquiera a Gautama, que sí eran de origen ario.

Perplejo debido a su condición intermedia, imprecisable, entre lo ario (blanco) y lo originario (cobrizo), Alfonso propuso fundar el Piscansuyo, el Quinto Suyo, el quinto colectivo mestizo, democrático y popular, no excluyente, respetuoso de la diversidad cultural, defensor de la Nación boliviana y constructor de una cultura de paz y convivencia entre todos los suyos, los cuatro originarios y el quinto, que no es ni ario ni originario.

Eramos cinco, número ritual, y esperamos las cero horas del 21 de julio, invocamos la memoria del protomártir de la Revolución Nacional, el Tcnl. Gualberto Villarroel, y redactamos el acta de fundación del Piscansuyo, para amparar a esa inmensa masa variopinta, minuciosamente boliviana, que agota toda la gama de colores de la piel. Invocamos a quienes tienen una información genética y cultural diversa y múltiple, en cuyas venas se mezcla la sangre de varios afluentes, pues somos un poco indios, un poco españoles, un poco sefarditas, un poco árabes, a veces un poco gringos, pero eso sí, ni arios ni originarios.

Ojalá no se ofendan ni los unos ni los otros, porque a uno lo hacen sentir de una etnia sandwich, espuria y mezclada como un perro ch'api o un mañazo, pues no tenemos pedigrée ni de arios ni de originarios.

Recordamos, por último, una opinión del muralista mexicano David Alfaro Siqueiros: "Los perros con pedigrée son igualitos, se parecen en todos sus rasgos. En cambio los perros populares, mestizos, ¡qué personalidad! No hay uno que se parezca al otro".

Teoría de la conversación

TEORÍA DE LA CONVERSACIÓN

Querido lector: muchas veces te ha debido pasar un fenómeno parecido a éste: se encuentran varios amigos e inician una tertulia. Saltan de tema en tema y de pronto se detienen y tratan de reconstruir el rumbo que siguieron los temas hasta llegar al último.

La reconstrucción es siempre dificultosa: comenzamos a hablar de que subió el dólar y alguien dijo que tenía que pagar una operación en dólares, y que ganaba en bolivianos. Otro se abismó entonces en el recuerdo de un dolor extraño que siente en el pulmón y cambió de tema por ese rumbo. A su lado, un amigo recordó que había fumado mucho en su juventud y que temía por un dolor de garganta que podía ser cáncer. Frente a él alguien recordó que un famoso cantante se ha sometido a una operación porque tiene quistes en las cuerdas vocales. Una señorita se estremece entonces porque el ginecólogo le ha dicho que al parecer tiene quistes en los ovarios. Su novio sabe que es una mujer de ñeque y le gustaría decir que tiene los ovarios bien puestos.

El amigo del lado ríe recordando una escena de amor con una mujer bravía a la que no pudo "domar". Otro, que es instructor de equitación, recuerda a una yegua que nadie puede montar porque es demasiado chúcara.

Chúcaros los bloqueadores, piensa otro que es empresario, tan chúcaros que no entienden nada. Si uno pudiera deshacerse de ellos, bastaría un tiro. Hay un campeón de tiro en la mesa y cuenta que en un mes defenderá su título… En fin.

Lo interesante es que el rumbo de la conversación escapa a nuestro control pues parece gobernado por nuestras pulsiones y no por la razón. No se parece en nada a los diálogos platónicos, que son una sucesión inverosímil de razonamientos. La conversación, la trivia que le dicen, es azarosa, volátil, saltarina, y a veces se empantana en un círculo vicioso. Eso ocurre particularmente con algunas damas que se ponen a discutir horas sobre las dimensiones del taco italiano o la calidad de la popelina para hacer sábanas.

Patinan y patinan tanto que se cansan y al final parecen despertar de una pesadilla. Es que parece un mecanismo de los sueños.

Todas estas reflexiones apuntan a la libertad y al libre juego de azar con que debemos escribir los diálogos de un relato. Si contamos una tertulia, lo peor que podemos hacer es desarrollar una tesis tras otra como si se tratara de una lectura de libros filosóficos. No. La tertulia tiene otro rumbo, otra teoría; tiene caprichos ingobernables, como una veleta sometida a vientos encontrados. Entonces la única buena forma de escribir diálogos es dejarse llevar por el azar, como si efectivamente participáramos de una auténtica tertulia entre amigos. Sólo así pueden obtenerse resultados sorprendentes y, sobre todo, nada retóricos.

Digo esto porque el oficio de escritor es ingrato. No se gana un puto mango. En cambio un buen escritor de diálogos es codiciado en particular por los guionistas y productores de cine. Afinar este noble arte de escribir diálogos puede ser el comienzo de una carrera fructífera.

Sobre el acto de ubicarse

SOBRE EL ACTO DE UBICARSE

Leí en alguna parte que los judíos ortodoxos, cada vez que se despiertan luego del sueño nocturno, agradecen a Dios por haber hecho que retorno su alma, pues bien pudo haberse perdido durante la noche, al separarse del cuerpo mientras duró el sueño.

Sin ser judíos, todos practicamos de algún modo el mismo rito. Cuando despertamos hacemos de inmediato una composición de lugar, y una vez que comprobamos que ese es nuestro dormitorio, o la habitación de un hotel si estamos de viaje, o la recámara de la casa de un amigo si nos alojó, entonces damos un suspiro de alivio. Los elementos del día, incluida la agenda que nos espera, se van ordenando en pocos segundos y entonces podemos saltar de la cama y comenzar el día con el guión perfectamente compuesto.

Los viajeros frecuentes y los amantes empedernidos suelen no reconocer el lugar donde han pasado la noche, y por segundos o fracciones de segundo, sienten el pánico de no ubicarse, de no situarse en el espacio y el tiempo. Algo parecido pasa con quienes padecen la angustia o la náusea existencialista, los locos y los poetas.

El ejercicio mental más constante, paralelo a nuestra razón, es el acto de ubicarse, de situarse. Vivimos situándonos constantemente, aunque ese ejercicio sea tan inconsciente como la respiración.

Con estos elementos, podemos juzgar la trascendencia que tiene para el arte narrativo la súbita desubicación en el espacio y el tiempo. Quizá el ejemplo más ilustre es el de "La Metamorfosis" de Franz Kafka:

"Cuando Gregor Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto". Estaba tumbado sobre su espalda dura, y en forma de caparazón y, al levantar un poco la cabeza, veía un vientre abombado, parduzco, dividido por partes duras en forma de arco, sobre cuya protuberancia apenas podía mantenerse el cobertor, a punto ya de resbalar al suelo.

Sus muchas patas, ridículamente pequeñas en comparación con el resto de su tamaño, le vibraban desamparadas ante los ojos. «¿Qué me ha ocurrido?», pensó. No era un sueño. Su habitación, una auténtica habitación humana, si bien algo pequeña, permanecía tranquila entre las cuatro paredes harto conocidas."

El inicio de esta novela es tan angustioso y preciso que Kafka bien pudo haber prescindido del resto del texto.

Ejemplos hay muchos. Flaubert decía que basta contemplar largo rato una cosa cualquiera para que se vuelva interesante. Marx hubiera dicho: físicamente metafísica. Cortázar hace que sus personajes entren en una galería de Buenos Aires y al salir aparezcan de pronto en París. Gary Daher pone en situación parecida a un viajero que llega a un hotel extraño que es un laberinto donde nadie lo reconoce.

Uno puede conjeturar otras situaciones parecidas.

Imagínense que alguien sube al minibús de costumbre y, cuadras más allá, presta atención a la calle y se da cuenta que no sabe dónde está: ésa avenida no es la San Martín, y la gente que ve no parece cochabambina, y los letreros del minibús anuncian destinos desconocidos.

Educación sin arte ni juego

EDUCACIÓN SIN ARTE NI JUEGO

Doce años que nos parquean en colegio están dedicados a desarrollar la razón en desmedro del resto de nuestras facultades. Nadie nos enseña a desarrollar nuestros sentidos, nuestra intuición, nuestro sentido lúdico y artístico. Si a un padre de familia se le pregunta qué opina de la enseñanza artística, es probable que frunza el ceño, pues al parecer ha escuchado una herejía. Prefiere cosas prácticas para sus retoños, como el inglés o la computación. Esto no viene solo, porque muchos padres inclinan a sus hijos a un mundo ferozmente competitivo, en lugar de formar almas nobles y plenas de sentido humano, de solidaridad, de paz y de capacidad para percibir la belleza de la vida.

De este tipo de educación bancaria hablaba Paulo Freire, al observar que los pobres alumnos parecen cuentas de ahorro en las cuales los profesores depositan durante doce o más años un número abrumador de conocimientos, pero desprovistos de inteligencia creativa. Si los niños no son capaces de usar sus sentidos, de apreciar los sonidos, los sabores, las texturas, los colores y los aromas, ¿se consolarán aspirando el olor de sus computadoras o la musicalidad del inglés comercial? Si no aprenden a usar su intuición, a crear con todo el cuerpo y no solamente con la razón, ¿cómo tendrán más tarde sensibilidad para amar a su pareja o a sus hijos?

La educación artística es una educación humana que teje relaciones de solidaridad, porque los niños se acostumbran a comportarse con la armonía de una orquesta y no con la disciplina de un reformatorio. El arte está reñido con toda forma de autoritarismo. Hay una trama de mutuo entendimiento y empatía entre un artista que enseña y unos niños que aprenden arte. Aun si no son virtuosos más tarde, bastará haber aprendido a apreciar las artes para gozar de equilibrio en sus vidas, y sobre todo, de mayores mecanismos de defensa contra una vida cada vez más injusta y con menos posibilidades de superación.

Las materias artísticas son menos importantes que el deporte. Hay un asomo de conciencia ambiental a fuerza de incorporar esos temas en la curricula, pero no hay una conciencia patrimonial. En los colegios no se enseña a amar nuestro patrimonio monumental y el otro, el intangible. No tenemos una noción clara de la fiesta como horizonte de conocimiento de nuestras culturas. ¿Cómo vamos a respetar, entonces, el legado de nuestros mayores si no se estimula ni siquiera el inventario de dicho legado?

Cierta vez mi amigo Mario Vargas Cuellar me decía que los cargadores que llegan del norte de Potosí son todos músicos. Quizá muchos de nuestros niños tienen esas aptitudes, pero resulta curioso que la enseñanza de la música se reduzca al aprendizaje de himnos para la peor de las ceremonias decimonónicas es una hora cívica. Nuestros niños son analfabetos musicales, cuando será tan sencillo enseñarles a leer música desde chicos. Enseñarles a jugar con la imaginación desde los primeros cursos. Instruirlos en el uso de la paleta, de la cocina, de las artes manuales y escénicas. Este es un error de principio que se arrastra desde hace más de un siglo. ¡Y al parecer no hay remedio!

Macedonio Fernández

EN MEMORIA DE MACEDONIO FERNÁNDEZ

Suelo recordar obsesivamente una frase del escritor argentino Macedonio Fernández, que enseña a ver el otro lado de las cosas: "El salón estaba tan vacío que una ausencia más no cabía", de la cual encontré una versión paceña en la confidencia de un boletero del Teatro Municipal: "Vacío está. Harta gente no ha venido".

A Macedonio podía ocurrírsele con la mayor naturalidad una disculpa como la siguiente: "Querido Borges: Iba a visitarlo a su casa, pero en medio camino me di cuenta de que no había salido de la mía". Cito de memoria.

Si un escritor no aprende a remendar las frases, los conceptos, los lugares comunes como si fueran calcetines, bien puede dedicarse a un oficio más lucrativo.

Macedonio tenía la gracia y la soltura de quien es escritor como si respirara. Pertenecía a ese linaje de artistas que se desinteresan de la posteridad, el éxito, la gloria o incluso la edición de sus textos.

La prueba es que "Museo de la Novela de la Eterna", su obra mayor, se editó 15 años después de su muerte, obra emblemática porque tiene más de una decena de prólogos y un solo capítulo. A Macedonio bien podía aplicarse la pregunta del hombre común. ¿Y usted qué hace? ¿Yo?

Escribo. Ah, ¿eso nomás? ¿Qué hacía Macedonio? Con un aire autista deambulaba en los laberintos de su magma mental. Por eso Jorge Guillermo Borges (el padre del Borges famoso) le decía Macedonio Farniente (del italiano "hacer nada").

Sin embargo fue maestro de maestros, escritor de escritores. Su talante y los destellos desconcertantes de su imaginación encandilaron a Borges lo mismo que a Cortázar y, en realidad, a varias generaciones de escritores argentinos. Esa humildad apostólica de Cortázar, ese desinterés por todo utilitarismo, son ecos del desapego de Macedonio por lo que se llama "construirse un nombre". ¡Qué lección para los escritores jóvenes y también ancianos que se desviven por buscar el reconocimiento del Estado, los premios de cultura, los galardones, las coronas del gay saber!

Los analistas suelen contrastar su caso con la amargura de Luis Cernuda que extrañaba en vida el reconocimiento de sus contemporáneos, o con el desengaño de Cervantes al comprobar que su obra no hacía demasiado impacto en los lectores de su época; o con Herman Melville, que abandonó el oficio no obstante haber escrito su obra mayor, "Moby Dick"; o con el propio Karamazov que en su novela Demonios hace un retrato ácido y envidioso de un glorioso contemporáneo, Iván Turgueniev.

Sin embargo, como las obras de Franz Kafka o de Fernando Pessoa, la de Macedonio tenía nomás que pesar, y cada vez más, en la memoria colectiva, no obstante que los tres se desinteresaron por la feria de vanidades de los cenáculos literarios. Qué vergüenza ajena dan, en cambio, aquellos escritores en busca de un prólogo, por favor, que los consagre, o de una crítica escrita que induzca el juicio del público hacia el elogio, para no hablar de los "marketineros", que publican algo y se desvelan por ofrecer el producto como si se tratara de un nuevo detergente.

El arcón y la hurí

Confieso que envié una novela al Premio Internacional Alfaguara y esperé ansioso el resultado, que me fue adverso, porque ganaron Graciela Montes y Ema Wolf, dos escritoras argentinas, y me dije filosóficamente que jamás había podido con dos mujeres, y menos a la vez. Quedé un tanto desengañado, pero al fin compré "El turno del escriba" y su lectura me devolvió la tranquilidad: es una novela estupenda. Es una gran novela; aun más, es una alegoría sobre el arte de escribir que ilustra muy bien las peregrinas ideas que comparto con los alumnos de mi Taller de Escritura Creativa (ramonrochamonroy.gmail.com).

Cuando Rustichello, el escriba preso en una mazmorra de Génova, recibe como compañero de celda a Marco Polo, siente que su cabeza –su panino—que él intenta ordenar prolijamente, se ha convertido en un arcón revuelto cuya tapa no cierra. Las anécdotas que cuenta el viajero son tan deslumbrantes que el escriba siente vértigo: "ahora todo se confunde. Las imágenes no danzan, zumban; tampoco están solas, las perturban otras, fugaces. […] El pisano se esfuerza por gobernar el caos, saca, pone, ordena, pero su esfuerzo se desmorona."

Las autoras hacen un inventario de ese caos: "Rustichello suma y mezcla. Un trueno y una gallina, hombres-perro, monedas, comedores de carne con salsa de ajo, encantadores, hígados palpitantes, princesas crudas --¿qué habría dicho su maestro de semejantes descarríos?--, y como si todo eso fuera poco: tártaros. Demasiado para su cabeza. El arcón no ha de cerrar ni aunque se siente sobre la tapa." El magma mental que habita su cabeza se ha convertido en "un misterio del que apenas entrevé fragmentos, hilachas, los hilos de vapor que libera un caldero tapado. Esa porción del mundo se agazapaba al acecho."

Tras diez días de divagar, siente que ha llegado el "fruto de la consumación de su encuentro amoroso con cierta idea." Lo hermoso es que Rustichello ve que esa idea "iba desnuda y velada, como esas huríes de las que hablaban los sarracenos de Sicilia en sus horas de nostalgia". La idea "era seductora, aunque esquiva, con una pertinaz tendencia a desvanecerse en el aire." Quiere atraparla, pero su única arma es "el lenguaje de la corte, la vana retórica que dice sin decir y las más de las veces apenas insinúa". Pero vuelve una y otra vez, hasta que el escriba halla cómo tomar esos relatos enredados para tejerlos, según su oficio, "dándoles un comienzo, un final, y bellas palabras apropiadas".

Eso es el arte; la consumación de toda obra creativa: llenar el arcón de la mente, ese magma mental que se origina en la percepción de los sentidos, la memoria, la intuición, las revelaciones, los sueños, las premoniciones, la nostalgia, la dicha, la desdicha. Llenar el arcón hasta no poder volver a cerrarlo; y entonces trazar un plan, que consiste en buscar la idea ordenadora, que se presentará como una hurí, desnuda y velada, esquiva y huraña, hasta que nos permitirá ordenar ese material y convertirlo en una obra de arte: en este caso, en una gran novela como es "El turno del escriba".

POR QUÉ OJO DE VIDRIO?

Muchos amigos inspeccionan los ojos de este servidor que se comerá la tierra tratando de adivinar cuál de ellos es de vidrio. En realidad el origen es muy sencillo: yo escribía una columna ilustrada con una fotografía. El ojo de vidrio era el lente de la máquina, pero también el cristal con que se mira, el punto de vista personal. Un docente de psicología hizo una especie de psicoanálisis de aquella columna, y dijo que el autor era un voyeur, un fisgón que atisba la realidad por el ojo de la cerradura e invita a los lectores a que hagan lo mismo; invitación que, en la vida real, a la hora de espiar, pocos resisten. En suma, el objetivo era prestar atención al prójimo, tener la piedad de verlo y escucharlo, prestarle el espacio de una columna para fijarlo con pelos y señales.

Eliseo Diego, que escribió una obra de una profundidad poética como pocas en lengua castellana, dice que la poesía "es el acto de atender en toda su pureza". Este acto de prestar atención nos lleva a los confines de la realidad, en los cuales uno no necesita inventar las situaciones más inverosímiles, porque éstas se dan solas en la vida real. Dice Eliseo Diego: "Lo que al principio parece una invención fantástica hallamos luego que procede en realidad de una mirada increíblemente intensa."

Escribir es "atender, mirar con atención, traducir el asombro frente al mundo que cualquiera siente en una forma hecha con palabras."

Veamos la cita completa de Eliseo Diego: "Lo que al principio parece una invención fantástica hallamos luego que procede en realidad de una mirada increíblemente intensa. [...] Pues semejante capacidad de mirar –de un mirar absoluto, suspensas las otras potencias del alma en un acto de suprema atención–, es en sí misma el don de ese conocimiento oscuro pero inmediato de las cosas que algunos llamamos poesía –"Secretos del mirar atento".

El secreto de una columna bien lograda reside, como dice el escritor mexicano Felipe Garrido, "en la simplicidad de una manera de ver que abarca la cosa, criatura, acto o experiencia en su integridad –incluyendo en ésta la complejísima red de sus relaciones con cuanto esté en torno."

Como el arte, la observación periodística de la realidad es también un acto de cortesía. Veamos lo que dice Fina García Marruz acerca de la obra de Eliseo Diego:

"Por cortesía se dibuja bien cada letra y se manda a poner un grabado en la página para que esté más a gusto el paciente lector. Por cortesía se alaban por igual los oficios humildes y los trajes espléndidos. Por cortesía se saluda al huracán y a la calma y se nombran las cosas tan despacio. El arte, decía Martí, es una forma del respeto, que quizás es lo mismo que quiso decir Lezama cuando escribió que la poesía no era más que la figuración musical de la bondad."

El acto de atender, de mirar con atención, es también un gesto de cortesía. Muchos semejantes no nos piden nada material, únicamente que los escuchemos; tanto más si somos periodistas. "atender, mirar con atención", como dice Eliseo Diego; traducir el asombro frente al mundo que cualquiera siente en una forma hecha con palabras, es una forma muy estimable de la cortesía.

La verdadera realidad

En el Taller de Escritura Creativa (ramonrochamonroy@gmail.com), insistimos en que la razón clasifica, conceptualiza, ordena y limpia todo lo que encuentra; pero la mayor parte de la mente está bajo el gobierno de la imaginación, "la loca de la casa", como la llamaba Santa Teresa de Jesús. Creo que lo entendió muy bien mi hija Camila, según se desprende de esta carta que acaba de enviarme:

¡Pa! Esta no es la vida real. Descubrí la verdadera realidad. Todos podemos alcanzarla, todos la hemos sentido, la hemos cuestionado. Los sueños suelen ser una de las muestras más claras de "la verdadera realidad"; cuando dices... "todo es un sueño", porque es IMPOSIBLE. Claro, imposible para la mente. Pero en realidad, es lo único genuinamente posible. Cuesta un huevo llegar, cuesta un huevo luchar por descubrir que esos parpadeos con imágenes imposibles, que se hacen presentes en rincones de la ciudad, en medio de las multitudes o en espacios infinitamente despejados, son posibles, existen y están ahí rodeándonos todo el tiempo.

Vivimos en medio de la verdadera realidad, que la realidad intelectual, putamente racional, no nos deja disfrutar plenamente. Para esta realidad, soñar es una pérdida de tiempo; soñar resulta improductivo. Para ser útil en este mundo tienes que alimentarte y ponerte a andar. ¡Allá no! La verdadera realidad no te hace ser una máquina, no tienes que entender nada y el tiempo es una ilusión más. Si dedicas días enteeeeros a contemplar el cielo, o un trébol enredado en tu dedo meñique del pie, o si te quedas embobado con la mirada de esa negra, de esa raza, o si te quedas colgado con esas basuras que bailan en la calle, o vas convirtiendo todos los sonidos -o ruidos- que hay en la ciudad y les vas poniendo orden hasta hacerlos música, no estás perdiendo tu tiempo. ¡Tus sentidos están produciendo! Estás vivo más que nunca; si tan sólo sientes!
El arte es un medio para llegar a la verdadera realidad, y para hacerlo tienes que haber vivido y entendido mejor que nadie esta realidad intelectual. Tienes que haber sabido ser máquina, y producir la misma cosa que miles de seres producen: y después darte cuenta y sentirte inservible, inferior, miserable, incapaz, inútil, estorbo; y llegar al borde. Comenzar a sentir, a vivir la vida que nos han prohibido hace quién sabe cuánto, y que han podido disfrutar tan pocos locos, por haberse atrevido a luchar contra la mente, amarla también y hacerse mierda y sentirse mieeeeeeeerda! Sólo por vivir ¿Me sientes?
No hablo de la vida después de la muerte, ni de vidas paralelas. No necesito morir para llegar. Tengo que llegar al booooorde, por conocer, por haber entendido con la mente, perfectamente cómo funciona esta supuesta vida. ¡Que no te baste saber! ¡Desespérate por sentir!

Mi medio es la danza, mi camino, y quiero llegar al momento en que no necesite moverme para sentir, para expresar. ¡Va a llegar un momento en que no necesite danzar, porque todo va a danzar alrededor mío! Voy a vivir. Voy a sentir... ¿Tú lo has sentido también? Seguramente todos tienen un distinto modo de explicarlo con la mente, pero siempre va a ser lo mismo. ¡Es la verdadera realidad!

LA LOCA DE LA CASA


LA ESCOBA DE LA IMAGINACIÓN
La loca espiaba muy divertida a través del ojo de la cerradura y contenía la risa al ver las maniobras clasificatorias de esa señora lavada, limpia, pulcra, cubierta con guantes de cirugía que tomaba su escoba conceptual y agrupaba pelusas, colillas, papeles, restos de comida, envolturas de caramelos y juguetes en pequeños montones, ejerciendo esa manía aduanera que le imponía la obligación diaria de ordenar, inventariar, dividir las cosas según su género y especie y destinar a cada una un compartimiento estanco, lo mismo en la basura que en los estantes y cajones de la casa.

La loca nos hizo un gesto incitante para que compartiéramos el espionaje, y como el ojo de la cerradura no abastecía para tantos invitados ansiosos, febriles, ávidos de risa y de divertimentos nos llevó al patio de atrás, suplicándonos silencio con el dedo índice pegado en sus labios distendidos por una sonrisa, los ojos echando chispas de locura y los gestos desmedidos de un mimo o un clown. Así asomamos apenas nuestras cabecitas, muchos de nosotros parados de puntas. ¿Quiénes éramos? Alcancé a ver a mis compañeritos más divertidos: la intuición, la conjetura, los cinco sentidos, los sueños, los sentimientos… ¿Pero qué hacía la señora de la escoba?

¡Ella también espiaba! Espiaba las tareas de un niño atribulado por la lectura aduanera de una novela tediosa que le había impuesto su profesora. La señora de la escoba tomó con aires de institutriz el guión de la tarea y dio un suspiro de satisfacción: el niño debía agotar el libro como un vista de aduana que detiene una flota, hace bajar a los pasajeros, les exige documentos y revisa su equipaje sin olvidar ni los bolsillos. ¿Cuántos personajes? Sus nombres. Sus señas de identidad. Descripción somera de cada uno. Procedencia y destino. Lugares que visitaron. Cosas que les ocurrieron. Detalles topográficos: nombre del autor, género, fecha en que fue escrita, fecha de edición, período y escuela a la que pertenece, nombre de la editorial, país y año de edición.

Ah, pero la señora de la escoba exigía un segundo guión que dificultaba aun más la ya de por si tediosa lectura del niño: le pedía un inventario de figuras literarias, de modo que el niño debía presentar al final una planilla Excell con el número y la ubicación exacta de los oximorones, metáforas, metonimias, polisíndeton, hipérboles y otros monstruos que encontrara, cuyos nombres transportaban al pequeño lector hacia la guerra de las galaxias, al señor de los anillos y al cine fantasioso que había sustituido las lecturas recomendadas por la señora de la escoba.

Como hablaba en un tono nítido, sin bajos, con una voz aislada de toda contaminación orquestal, las palabras de la señora se escuchaban clarito, y la Loca nos convocaba a oírla, y a ver las convulsiones de su escoba que parecía barrer las páginas del libro y clasificar las palabras en pequeños montones, ejerciendo esa manía aduanera que le imponía la obligación diaria de ordenar, inventariar, dividir las palabras según su género y especie y destinar a cada una un compartimiento estanco, lo mismo en la basura que en los estantes y cajones del libro y la memoria del pequeño lector.

Con todo, el tormento no duró mucho porque otras actividades útiles demandaban la presencia de la señora. Hizo mutis unos minutos que el niño aprovechó para encender el televisor sin sonido y de pronto apareció vestida con un estilo sastre, bolso en mano, el pelo recogido en un moño conceptualmente impecable, visiblemente dispuesta a salir. El niño apenas tuvo tiempo de apagar el televisor accionando el control, pero cuando salió la señora se zambulló en el sofá y extrajo de sus fondos restos ominosos de pipocas, papas fritas y botellas de refresco a medio consumir. Captó un canal de música estridente y se entregó a la alegre tarea de ensuciar y desordenar la habitación.

La tentación fue más fuerte que nosotros: tocamos el vidrio de la ventana y nos abrió la puerta. Entramos en torbellino y entonces hubo que ver con qué entusiasmo le ayudamos en su tarea desclasificatoria. La loca era, por supuesto, la más entusiasta. Descubrió de inmediato lo que no habíamos visto: ¡la escoba de la señora! Se puso a bailar con ella y así danzando descontrolada tropezó con el basurero y echó al piso las colillas y papeles y envolturas de caramelos y restos de comida que tanto le había costado clasificar a la dueña de la escoba. Abrió luego los cajones y echó al piso su contenido; vació estantes y vitrinas y luego imitó a la dueña de casa en su acto clasificatorio de barrer. Sólo que en manos de la loca la escoba aduanera se convirtió en sus antípodas mentales, si vale el término, pues atacaba una sección ya clasificado ¡y la desordenaba! No juntaba la basura en montoncitos: ¡la dispersaba! No cuidaba el orden de los oximorones e hipérboles: lo convertía en la cadencia y la música orquestal o caótica del texto leído por el puro goce de la lectura, sin comentarios.

¡Cómo quedó el departamento! Era un magma en movimiento en el cual las cosas antes clasificadas parecían átomos de una sustancia no aislada, pero ni siquiera nombrada.

No obstante nuestra alegría, la fiesta debía terminar porque en cualquier momento retornaría la señora y usaría la escoba para partirle la cabeza al pequeño lector. Así pues, nos dimos a la tarea de guardar todo en un arcón, un arcón gigante y desordenado cuya tapa no pudimos cerrar por más que nos sentamos sobre ella, sobre todo porque la puerta sonaba y la prsencia de la dueña de casa era inminente. Nos fuimos detrás de la Loca, por la puerta de servicio, mientras el niño volvía a sus tareas.

Volvimos de noche; el niño dormía; la señora bebía yogurt sentada en una silla del comedor con la espalda muy derecha y el ademán urbano al llevarse la cucharilla a los labios. A ratos miraba el arcón y un rubor de furia le subía a las mejillas. Parecía dispuesta a ordenarlo todo otra vez antes de acostarse. De pronto entró de puntas su marido, depositó con cuidado valija e impermeable en el suelo y la abrazó sorpresivamente por la espalda. Ella volcó el rostro y él la besó en la boca mientras una de sus manos se internaba bajo el sostén y le acariciaba uno de sus castos senos. La señora se puso de pie, abrazó al marido y lo llevó junto al arcón iniciando una visible filípica contra el niño. El marido sonrió mientras su mano se colaba bajo el vestido de ella, luego abrió el arcón y comenzó a extraer cosas y cosas. Cada una convocaba visiblemente un recuerdo, una nostalgia, un momento feliz; el álbum de fotos los obligó a sentarse en la alfombra y a intercambiar miradas tiernas y besos. Alguna de ellas guardaría la memoria de un momento tan especial que el marido avanzaba en sus caricias hasta que no pudo más y le hizo el amor allí, sobre la alfombra, en nuestras narices.

Buena parte del contenido del arcón quedó desparramada en la alfombra. Antes de irse al dormitorio, con la ropa desarreglada, la señora paseó una mirada circular, pero sus ojos habían perdido el frío glacial del día. Estaban acuosos, misteriosos, felices. Mañana volvería a tomar la escoba y a ordenar la casa. Porque aquella noche estaba reservada para nuevas caricias.

Espacio, tiempo, identidad

1. Un hombre atribulado viaja constantemente a otro distrito porque allí trabaja y aquí vive su novia o su mujer o su familia. Es una fatiga para él viajar en flota más de 7 horas, y cuando toma un avión se arrepiente porque cuesta caro. Una mañana le confía su tormento al taxista que lo lleva al aeropuerto, y éste le reclama por no haber hablado antes. Van a pasar por debajo de un puente. Es un pequeño túnel. Cuando salen están en una autopista del otro distrito, bajando cómodamente al trabajo del hombre atribulado. ¿Cuánto es? Oh, nada, sólo el precio de la carrera. Puede usted llamarme cuando quiera.

2. Una niña ha crecido viajando continuamente con sus padres, de una ciudad a otra. Solía dormir mientras viajaba, y despertar en otra y en otra y en otra ciudad; pero como no tenía conciencia del camino, creía que todas esas ciudades eran una sola. Ya jovencita, la ciudad donde vive es todas las ciudades juntas donde despertó de chiquita.

3. Una madrugada dos sepultureros excavan una tumba, extraen un ataúd, lo llevan a un velorio, luego al cadáver solo en una ambulancia rumbo a la morgue. Lo sacan del frigorífico y lo llevan a terapia intensiva. Entretanto ha despertado, sale del hospital, se resbala en el baño de su casa y se golpea la base del cráneo. Se levanta y no tiene herida alguna. Cada vez es más joven, más niño, ya no puede caminar, gatea, mama y una noche la matrona lo introduce en el vientre de su madre. Allí es cada vez más pequeño hasta que se esfuma en un suspiro de su madre, una noche en que su padre le hace el amor.

4. Él ha sido un estudiante tranquilo, no tuvo sobresaltos en el colegio; hizo su carrera, se enamoró de una compañera, se casó, tuvo hijos. Una mañana siente algo extraño, una forma distinta de ver las cosas. El espejo no revela nada, pero él siente que se ha convertido en mujer.

5. Al pie de la montaña hay una ciudad perdida. En un tiempo fue un campamento de una rica mina de oro. La gente del lugar no se aventura por esos parajes, mucho menos de noche, porque dicen que la ciudad se ilumina, recobra su esplendor, celebra una fiesta ruidosa e irresistible para los curiosos que se sumergen en el torbellino de la fiesta. Y no vuelven más.

6. PODRÍA SER UN BUEN THRILLER: Ha muerto de un disparo al corazón y no pudo ver a su victimador. Su último pensamiento fue de angustia por las cosas pendientes que dejaba. No descansa en paz. Indaga como un detective invisible. Sigue pistas, se cuela en casas ajenas, revisa escritorios, basureros, cajones, hasta que da con el autor del crimen.

7. Un oficinista siente el ambiente opresivo de su ciudad, de su casa, del transporte, de su trabajo. Está metido en una rutina que jamás cambia, como si repitiera cada vez la misma obra de teatro. Pide vacaciones, deambula, busca y de pronto sospecha que él no existe, sólo es un personaje de ficción; la ciudad no existe, es un libro; se siente oprimido porque repite continuamente el papel que le ha asignado el autor del libro. De ese libro no podrá salir jamás.

8. Una persona obsesiva traza un plan para buscar sistemáticamente en su memoria los detalles de su niñez. Pasa los días en soledad, anotando recuerdos, cumpliendo rigurosamente el plan de búsqueda de cada día. Lo hace con tanto método que al final encuentra un pasaje, un resquicio, un acceso al interior de su memoria, donde lo esperan todos los actos que ha vivido, soñado, imaginado, sentido.

9. Un hombre solitario alimenta la superstición de ejecutar diariamente los mismos recorridos como pasos de baile que tal vez dance en otro lugar la pareja que no tiene. Ejecutando ritualmente esos pasos, confía en que el destino los junte.

10. Ha huido de la civilización y permaneció casi toda su vida en el monte, recorriendo solitario sendas, ríos, parajes desconocidos, sin ningún contacto humano, en trato cotidiano con plantas y animales. Retorna a su ciudad y sabe que es un tigre.

11. TEMA LIBRE.

Estar situado en la adversidad

1. Una mujer acostumbra estar atenta a lo primero que ve por la mañana, porque lo considera un presagio. Acaba de despertar y entra al baño casi dormida. Al tomar la llave de la ducha toca algo extraño: es una enorme mariposa nocturna, un thaparancu. Piensa que le va a ir mal.

2. Un hombre camina absorto por una acera cavilando sobre las cosas que hizo la noche anterior. Se detiene automáticamente frente al semáforo y en ese instante lo saludan simultáneamente tres amigos. Le parece curioso que los tres son cojos.

3. Una mujer chatea con su marido que ha emigrado a Madrid. Él insiste en cosas extrañas, le dice que cuide a sus hijos, que procure ser feliz, que no viva atada a él, como si no tuviera intenciones de volver o de llevarla junto a él. De pronto recibe un correo que le informa que su marido ha muerto hace casi un mes.

4. Un hijo renuncia a su trabajo en otra ciudad para cuidar a su madre en sus últimos días. La cuida con esmero durante seis meses, pero recibe una llamada y es urgente que viaje. Se despide de su madre diciéndole que volverá en dos días. Viaja con el temor de que justo su madre se muera cuando él no está presente.

5. Un hombre se enamora súbitamente de una mujer. Es una atracción tan irresistible que deciden casarse. Ni él ni ella podrían vivir solos ahora que se conocieron. En la víspera de la boda ella sufre un desmayo mientras se prueba el vestido de novia.

6. Un padre de familia estaciona la camioneta frente a una tienda donde comprará algo, digamos cigarros. En la camioneta está toda su familia: su mujer, sus hijos, las esposas de sus hijos, sus nietos, porque van de día de campo. De pronto siente una tremenda explosión: la camioneta ha volado en pedazos. Se ha quedado sin familia.

7. Un hombre comete un crimen que ha quedado en el olvido. De pronto recibe una llamada telefónica de un testigo que lo atormenta, le escribe también por Internet y se mete en el Chat para molestarlo dándole detalles increíblemente precisos sobre el crimen.

8. Son una pareja tranquila. Ese domingo han almorzado a solas, en el jardín, luego durmieron una siesta, despertaron y están viendo plácidamente un programa cómico por el cable. De pronto suena el teléfono y una voz anuncia que ha ocurrido una terrible desgracia. Ambos piensan de inmediato en su único hijo que vive en el exterior.

9. Ella y él son empleados bancarios. Ella es casada con un amigo de él. Se quedan a hacer un balance, están solos en la bóveda. De pronto hacen el amor. Esa relación clandestina se repite, pero él se sobresalta cada vez que habla con el esposo de ella. Si lo sabe ¿qué explicación podrá darle?

10. TEMA LIBRE