Saturday, October 01, 2005

Macedonio Fernández

EN MEMORIA DE MACEDONIO FERNÁNDEZ

Suelo recordar obsesivamente una frase del escritor argentino Macedonio Fernández, que enseña a ver el otro lado de las cosas: "El salón estaba tan vacío que una ausencia más no cabía", de la cual encontré una versión paceña en la confidencia de un boletero del Teatro Municipal: "Vacío está. Harta gente no ha venido".

A Macedonio podía ocurrírsele con la mayor naturalidad una disculpa como la siguiente: "Querido Borges: Iba a visitarlo a su casa, pero en medio camino me di cuenta de que no había salido de la mía". Cito de memoria.

Si un escritor no aprende a remendar las frases, los conceptos, los lugares comunes como si fueran calcetines, bien puede dedicarse a un oficio más lucrativo.

Macedonio tenía la gracia y la soltura de quien es escritor como si respirara. Pertenecía a ese linaje de artistas que se desinteresan de la posteridad, el éxito, la gloria o incluso la edición de sus textos.

La prueba es que "Museo de la Novela de la Eterna", su obra mayor, se editó 15 años después de su muerte, obra emblemática porque tiene más de una decena de prólogos y un solo capítulo. A Macedonio bien podía aplicarse la pregunta del hombre común. ¿Y usted qué hace? ¿Yo?

Escribo. Ah, ¿eso nomás? ¿Qué hacía Macedonio? Con un aire autista deambulaba en los laberintos de su magma mental. Por eso Jorge Guillermo Borges (el padre del Borges famoso) le decía Macedonio Farniente (del italiano "hacer nada").

Sin embargo fue maestro de maestros, escritor de escritores. Su talante y los destellos desconcertantes de su imaginación encandilaron a Borges lo mismo que a Cortázar y, en realidad, a varias generaciones de escritores argentinos. Esa humildad apostólica de Cortázar, ese desinterés por todo utilitarismo, son ecos del desapego de Macedonio por lo que se llama "construirse un nombre". ¡Qué lección para los escritores jóvenes y también ancianos que se desviven por buscar el reconocimiento del Estado, los premios de cultura, los galardones, las coronas del gay saber!

Los analistas suelen contrastar su caso con la amargura de Luis Cernuda que extrañaba en vida el reconocimiento de sus contemporáneos, o con el desengaño de Cervantes al comprobar que su obra no hacía demasiado impacto en los lectores de su época; o con Herman Melville, que abandonó el oficio no obstante haber escrito su obra mayor, "Moby Dick"; o con el propio Karamazov que en su novela Demonios hace un retrato ácido y envidioso de un glorioso contemporáneo, Iván Turgueniev.

Sin embargo, como las obras de Franz Kafka o de Fernando Pessoa, la de Macedonio tenía nomás que pesar, y cada vez más, en la memoria colectiva, no obstante que los tres se desinteresaron por la feria de vanidades de los cenáculos literarios. Qué vergüenza ajena dan, en cambio, aquellos escritores en busca de un prólogo, por favor, que los consagre, o de una crítica escrita que induzca el juicio del público hacia el elogio, para no hablar de los "marketineros", que publican algo y se desvelan por ofrecer el producto como si se tratara de un nuevo detergente.

2 Comments:

Blogger de la hebra said...

genial. buenisimo tu rescate a un grande

11:23 AM  
Blogger Raoul Shade said...

Neruda desvirtúa el ascetismo estético de un Rimbaud, de un San Juan de la Cruz, ode un Macedonio Fernández, utilizando la palabra con un sentido preciosista y acudiendo a una retórica tan caduca y a un sentimentalismo tan viscoso que parece extraído de un cuento de hadas. Es una poesía apta para los que andan continuamente buscando los mejores hoteles para despedir el sol y los mejores restaurantes para celebrar la luna con sus amadas. Como dijo Macedonio Fernández; “Es el acento el que convence y no la palabra.”
Raoul Shade

12:28 PM  

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