Saturday, October 01, 2005

Ni arios ni originarios

NI ARIOS NI ORIGINARIOS

Alfonso Bilbao Liseca, viejo amigo desde los años de colegio, llegó de Huelva, España, donde vive hace décadas muy cerca del Convento de la Rábida y del Puerto de Palos, de donde zarpó Colón al Nuevo Mundo. Es anestesisto (corrector: alto ahi, no me corrija), pues dice que si las mujeres han feminizado todos los nombres de las profesiones, él tiene derecho de masculinizar el nombre de la suya.

Pero Alfonso no es solamente un médico de prestigio. Es un humanista ávido lector de filosofía y poesía, y naturalmente se angustia cada día siguiendo el rumbo de Bolivia, irrenunciablemente su país. Me escribió varias veces, en esos aciagos días en que la nave nacional parecía al borde del naufragio, y por eso mismo se sorprendió de nuestra proteica habilidad para transcurrir de la más aguda convulsión a la paz helvética que actualmente disfrutamos.

Conversamos a bordo de unas botellas de cerveza (yo tomando juguito de maracuyá, por supuesto) y Alfonso me transmitió su desasosiego existencial frente a la prédica de los fundamentalistas del Tawantinsuyo, pues, como muchos bolivianos, no se siente ARIO ni ORIGINARIO. Me hizo un agudo análisis sobre las implicaciones de esa palabra equívoca y relativa que, en realidad, no designa nada, porque no es sustantiva. Pero lo grave es que en el fondo entraña una ideología etnocentrista y excluyente de todo lo que no es originario. Los alemanes hablaban ese idioma, cuando se proclamaban origin-arios, no obstante que la raza aria tuvo su origen en la India. A ojos vista esos atletas lacios y rubicundos a quien menos se parecen es a Rabindranah Tagore o a Mahatma Gandhi, pero ni siquiera a Gautama, que sí eran de origen ario.

Perplejo debido a su condición intermedia, imprecisable, entre lo ario (blanco) y lo originario (cobrizo), Alfonso propuso fundar el Piscansuyo, el Quinto Suyo, el quinto colectivo mestizo, democrático y popular, no excluyente, respetuoso de la diversidad cultural, defensor de la Nación boliviana y constructor de una cultura de paz y convivencia entre todos los suyos, los cuatro originarios y el quinto, que no es ni ario ni originario.

Eramos cinco, número ritual, y esperamos las cero horas del 21 de julio, invocamos la memoria del protomártir de la Revolución Nacional, el Tcnl. Gualberto Villarroel, y redactamos el acta de fundación del Piscansuyo, para amparar a esa inmensa masa variopinta, minuciosamente boliviana, que agota toda la gama de colores de la piel. Invocamos a quienes tienen una información genética y cultural diversa y múltiple, en cuyas venas se mezcla la sangre de varios afluentes, pues somos un poco indios, un poco españoles, un poco sefarditas, un poco árabes, a veces un poco gringos, pero eso sí, ni arios ni originarios.

Ojalá no se ofendan ni los unos ni los otros, porque a uno lo hacen sentir de una etnia sandwich, espuria y mezclada como un perro ch'api o un mañazo, pues no tenemos pedigrée ni de arios ni de originarios.

Recordamos, por último, una opinión del muralista mexicano David Alfaro Siqueiros: "Los perros con pedigrée son igualitos, se parecen en todos sus rasgos. En cambio los perros populares, mestizos, ¡qué personalidad! No hay uno que se parezca al otro".

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