Saturday, October 01, 2005

Teoría de la conversación

TEORÍA DE LA CONVERSACIÓN

Querido lector: muchas veces te ha debido pasar un fenómeno parecido a éste: se encuentran varios amigos e inician una tertulia. Saltan de tema en tema y de pronto se detienen y tratan de reconstruir el rumbo que siguieron los temas hasta llegar al último.

La reconstrucción es siempre dificultosa: comenzamos a hablar de que subió el dólar y alguien dijo que tenía que pagar una operación en dólares, y que ganaba en bolivianos. Otro se abismó entonces en el recuerdo de un dolor extraño que siente en el pulmón y cambió de tema por ese rumbo. A su lado, un amigo recordó que había fumado mucho en su juventud y que temía por un dolor de garganta que podía ser cáncer. Frente a él alguien recordó que un famoso cantante se ha sometido a una operación porque tiene quistes en las cuerdas vocales. Una señorita se estremece entonces porque el ginecólogo le ha dicho que al parecer tiene quistes en los ovarios. Su novio sabe que es una mujer de ñeque y le gustaría decir que tiene los ovarios bien puestos.

El amigo del lado ríe recordando una escena de amor con una mujer bravía a la que no pudo "domar". Otro, que es instructor de equitación, recuerda a una yegua que nadie puede montar porque es demasiado chúcara.

Chúcaros los bloqueadores, piensa otro que es empresario, tan chúcaros que no entienden nada. Si uno pudiera deshacerse de ellos, bastaría un tiro. Hay un campeón de tiro en la mesa y cuenta que en un mes defenderá su título… En fin.

Lo interesante es que el rumbo de la conversación escapa a nuestro control pues parece gobernado por nuestras pulsiones y no por la razón. No se parece en nada a los diálogos platónicos, que son una sucesión inverosímil de razonamientos. La conversación, la trivia que le dicen, es azarosa, volátil, saltarina, y a veces se empantana en un círculo vicioso. Eso ocurre particularmente con algunas damas que se ponen a discutir horas sobre las dimensiones del taco italiano o la calidad de la popelina para hacer sábanas.

Patinan y patinan tanto que se cansan y al final parecen despertar de una pesadilla. Es que parece un mecanismo de los sueños.

Todas estas reflexiones apuntan a la libertad y al libre juego de azar con que debemos escribir los diálogos de un relato. Si contamos una tertulia, lo peor que podemos hacer es desarrollar una tesis tras otra como si se tratara de una lectura de libros filosóficos. No. La tertulia tiene otro rumbo, otra teoría; tiene caprichos ingobernables, como una veleta sometida a vientos encontrados. Entonces la única buena forma de escribir diálogos es dejarse llevar por el azar, como si efectivamente participáramos de una auténtica tertulia entre amigos. Sólo así pueden obtenerse resultados sorprendentes y, sobre todo, nada retóricos.

Digo esto porque el oficio de escritor es ingrato. No se gana un puto mango. En cambio un buen escritor de diálogos es codiciado en particular por los guionistas y productores de cine. Afinar este noble arte de escribir diálogos puede ser el comienzo de una carrera fructífera.

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